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“Déjate tocar por la naturaleza, límpiate con cuero de tambor. No estanques el agua, déjala que fluya… Esperanza y buena suerte en el camino Iré, pa’ encontrarme con lo bueno, en el camino iré”. Aguambó Iré.
Una de las fórmulas más aplicadas y exitosas que actualmente existen en el terreno musical, ha sido la fusión de ritmos como la salsa y el jazz con aires folclóricos colombianos de las distintas zonas del país –entre los que están desde los cálidos provenientes de las costas, hasta los melancólicos que nacen en la sabana–, combinaciones que han seducido a músicos y melómanos por lo interesante y efectivo de sus resultados.
Precisamente, y como una propuesta fresca, renovada y arriesgada, en la que confluyen ritmos del mundo, cubanos y colombianos, se presenta, Aguambó Iré, un grupo conducido por Carlos Taboada y Adriana Vásquez, dos talentosos y jóvenes músicos –de amplia formación académica y dueños de un rico legado proveniente sus familias, ligadas a la música–, y quienes han logrado desarrollar un proyecto en el que la variedad y la ruptura con los esquemas tradicionales de composición y formato, son los distintivos.
Por su parte Adriana, graduada de piano clásico de la Universidad Javeriana y cantante con amplia trayectoria en la música popular y folclórica nacional, con numerosas presentaciones en el Festival del Bullerengue, en Puerto Escondido y, el Festival Petronio Álvarez. Y Carlos, pianista y productor cubano, de formación clásica y académica, –nieto de quien fuera hace varios años, presidenta de la Casa de la trova en Camaguey, Cuba– junto a su bagaje amplio en la música de la isla, fueron sustento para dar a luz un primogénito con rasgos de son cubano, rumba cubana, bambuco, currulao, aires de la costa pacífica, bullerengue, hip hop, dance y jazz.
‘Aguambó Iré’, su primer trabajo, nació hace un año con la intensión de combinar conocimientos, experiencias y consolidar, como pareja y músicos, un proyecto propio.
“Era difícil pensar qué proyecto haríamos porque nos gustan muchas cosas. Desde pequeña fui criada con boleros, bambucos porque mi papá es paisa, tengo afinidad con la música cubana y con el folclor, y si a eso le sumábamos las raíces que trae Carlos −adicional a su formación en la Universidad Pedagógica, sus premios en festivales como el Mono Núñez y el Concurso Nacional de Bambuco−, era muy difícil escoger una sola corriente. La decisión concreta que tomamos, en la medida que avanzábamos, fue mantener las dos raíces: la colombiana y la cubana, a partir de allí, comenzamos a ambientar con otros géneros, así nació el grupo”, explica Adriana.
Decidieron entonces poner en funcionamiento una particular estructura con base electrónica representada en dos teclados –uno ejecutado por Carlos en bajos y piano, y un segundo por Adriana en las trompetas−, acompañados de percusión y guitarra. Así, se sumaron a la nueva familia, el guitarrista José Castillo, y los percusionistas Rodny Theran, colombiano, y Leandro Gola, cubano, quienes además asumieron la responsabilidad de armar la fusión de los ritmos y completar la puesta en escena del grupo.
El resultado, fue un formato reducido en número −pensado y calculado para favorecer desde la movilidad de equipos e instrumentos, hasta la reducción de los frecuentes problemas relacionados con la coordinación de ensayos por tiempos de los músicos− pero de una profunda riqueza en volumen, sustentada en los recursos técnicos y su manejo, y que va más allá de acertadas programaciones electrónicas; se extiende a provocar en el oyente la sensación de escuchar un deejay en pleno ejercicio, pero con la fuerza y el acompañamiento de instrumentos en vivo.
“El papel de la máquina, (teclados, pistas, programaciones) más que reemplazar los músicos, es complementar el trabajo de quienes tocan; por eso decidimos recurrir a ellos y tenerlos donde nos parece más acogedor, en la percusión, en escena, donde sentimos que necesitábamos la fuerza y fusionar su trabajo con los otros sonidos que, finalmente, están ahí; ese fue el reto y sucedió: son cinco personajes los que hacen que todo en el disco, pasen muchas cosas”, explica Carlos.
En realidad, se trató de un reto instrumental que fue exquisita y efectivamente cumplido, y que encontró en la versatilidad vocal de Adriana y Carlos –pues de cantos en tiempo de bullerengue pasan fácilmente a sabrosos rapeos–, una técnica más para cumplir un segundo propósito: quebrar las estructuras de composición que normalmente rigen la música.
“La estructura de nuestras canciones siempre es diferente para romper la norma, porque la gente se acostumbra a la regla de estrofa, estrofa, puente, coro. Formalmente, tenemos por ejemplo, una estrofa que nunca vuelve, una estrofa inicial con una melodía que jamás regresa y tenemos un puente, luego coro, después aparece otra estructura distinta como aporte folclórico, aparece seguidamente una parte del coro pero no completo, en fin, se trata de un trabajo exploratorio en cuanto a la forma de las canciones”, afirma Adriana.
Al respecto, Carlos agrega: “en ‘Bambufunk’, por ejemplo, canto las primera estrofa en una melodía que no vuelve; después entra Adriana dando nueva información a modo de segunda estrofa, pero con otra melodía y distintas voces; luego, otro coro le responde; eso es dinámica. La canción sólo dura tres minutos, pero cambia todo el tiempo y son numerosos los giros y movimientos en un lapso tan corto”.

Esta es también una diferencia determinante entre Aguambó Iré y otros proyectos del género, que en el boom de los grupos fusión como Chocquibtown y Bomba Estéreo, hoy de gran proyección internacional– han logrado llevar un sonido reservado para ciertos círculos de melómanos–hasta hace algún tiempo–, a un nivel más popular y masivo; en este caso, la seducción llega por cuenta de la variedad, el juego y la dinámica.
Particularmente para el disco fue fundamental el trabajo de destacados músicos que fueron invitados a grabar y aportar sus talentos; entre ellos se cuentan Roberto Cuao, Batanga, Shangó Dely (radicado en España), Faber Grajales −éste último tiplista y compositor de la canción ‘Iré’− además de Luis Hermida, quien, por encargo, compuso el “bambuco” ‘La Fábula del sol’. Los ocho temas restantes, de los 10 que conforman el álbum, son plena autoría de Vásquez y Taboada.
Destaca el dúo el aporte del cubano Francis Del Río, cantante y compositor de larga trayectoria en la Isla y que también ha sido gran influencia para Aguambó Iré, no sólo en el campo melódico y rítmico, sino en la manera de componer, producir música y ambientar sus discos. Precisamente Del Río, fue el responsable de crear el corte, ‘La melodía’.
Aguas Nuevas
Como proyectos a mediano y largo plazo, le apuntan a realizar giras permanentes, asistir a festivales en los cuales su música pueda cautivar, a continuar con su labor exploratoria en combinaciones y sonoridades, a redescubrir nuevas fórmulas en las que el folclor –respetuosamente– se mantenga como el cordón umbilical de la creación.
“Con el grupo encontramos un escenario donde podemos aunar muchos elementos, ideas, pensamientos, “cocinar”, es como nuestro laboratorio, en el que vamos a empezar a cultivar y agregar lo que encontraremos en adelante, porque siempre existe la novedad; mañana aparece un nuevo aparato tecnológico que te ofrece posibilidades que jamás soñaste”, anuncia Carlos.
Para Adriana, es la oportunidad de tener la cabeza “abierta” a nuevos sonidos, con el fin de hacer que el proyecto, recién mostrado al mundo, cambie y se nutra, sin ataduras a un género específico pero conservando los parámetros que les han resultado efectivos y que serán la base del segundo trabajo que ya idealizan.
“Trabajamos buscando que las canciones cambien del disco a las presentaciones en vivo, que sean más largas, que los cortes, aunque sean los mismos, realmente no lo sean para que la música siempre esté en movimiento, que tome su rumbo; ese es el objetivo del próximo trabajo que, en nuestro acelere, ya pensamos”, afirma Adriana.
Hasta el momento, explica la pareja, el resultado de sus presentaciones empresariales, privadas y de lanzamiento del disco −que realizaron el pasado 7 de julio, en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño− les ha dejado un agradable sabor de boca pues el público ha demostrado sentirse, como bien afirman, “cómodo y a gusto” con el sonido; concepto similar que precisamente les expresó Shangó Dely al escuchar la propuesta y que le motivó a grabar.
Continuar con el ejercicio dinámico de crear y descomponer, de fusionar la timba, el jazz y el jazz latino con influencias de pop y dance, y agregarles notas de bambuco ó currulao; es un juego donde el movimiento es parte y esencia, uno que promete desde ya, ganarse un puesto destacado en el oído y el gusto de los buenos melómanos, sin importar su preferencia musical, gracias a la calidad de su música.
www.aguamboire.com
Por: Alexandra Colorado Castro
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