Algunos visos sobre la historia del periodismo PDF Imprimir E-mail
Martes, 14 de Febrero de 2012 00:46


Para comprender la naturaleza y el origen del periodismo, imaginemos poder estar presentes en varios lugares a la vez y saber lo que ocurre en todo el planeta, sería fantástico, ¿verdad?; ese deseo de omnipresencia guarda a su vez otro objetivo: la omnisciencia, es decir, el conocimiento de todas las cosas. Ya que no podemos estar en varios sitios al mismo tiempo, queremos, por lo menos, saber lo que ocurre en los más recónditos rincones del universo, y por ese mismo objetivo, existen corresponsales, redactores o alguna tecnología que puede sustituir el relato del hombre.

 


La naturaleza del periodismo entonces radica en el miedo a lo desconocido, que induce al ser humano a querer exactamente lo contrario, es decir, al conocimiento. Pero para esto es necesario traspasar los límites, superar barreras y emprender. También es preciso narrar y transmitir informaciones a otros miembros de la comunidad que buscan la seguridad y la estabilidad del conocimiento. A esto, vinculado con ciertos rasgos éticos y estéticos, puede llamarse, periodismo.



Sin embargo, no puede hablarse de la historia del periodismo sin tener en cuenta la historia de la comunicación: César Aguilera Castilho, en su libro ‘História da imprensa’, afirma que, “si la primera gran adquisición comunicativa del homo sapiens es el habla, ello no excluye que haya habido comunicación antes de dicha adquisición”, es decir, que el ser humano muy lentamente pasaría de una fase prelógica a un pensamiento lógico. Recordemos que el lenguaje no verbal (el uso de los ojos, los gestos, el cuerpo, las posturas y principalmente el tono y la emoción), influye en el mensaje, formando parte de él y es esencial para la consecución de la verbalización, que tuvo lugar durante la revolución neolítica, cuando se vivió un aumento de nuevas actividades y la aparición de nuevas herramientas; el hombre entonces había conseguido una manera rústica de articulación verbal.



Más adelante, por ejemplo, los griegos se dieron cuenta de las posibilidades de manipulación del contenido oral a través de la habilidad del orador; los aedos y rapsodas, por tradición y orden imperial, tenían la función de mantener y repetir las leyendas épicas de los héroes mitológicos para preservar un régimen social; tal es el caso de la Iliada y la Odisea. Sin embargo, la censura y la propaganda fueron también mecanismos de control social. (Los formadores de opinión han sido y son los más perseguidos por el Estado o por quienes ejercen ilegítimamente la autoridad. La carrera competitiva de ideologías hacia la captura de adeptos y el control de los mercados consumidores, han desarrollado, en consonancia con la tecnología, diversos métodos de persuasión para conducir las actividades humanas hacia fines previstos. La censura y la propaganda son elementos inherentes a todo sistema sociocultural.)

 



Briggs Burke, destaca otros tipos importantes de comunicación oral, como la académica, el canto, el rumor y la información en tabernas, baños públicos, clubes, bares y cafés. Y es que es exactamente en los cafés de Londres, a comienzos del siglo XVII, donde Bill Kovach y Tom Rosentiel, sitúan un posible inicio del periodismo moderno. Allí, los dueños de los ‘pubs’ (casas públicas) estimulaban las conversaciones con los viajeros, pidiéndoles que contaran lo que habían visto en el camino.



En Inglaterra había cafés especializados en informaciones específicas. En 1609, los primeros periódicos habían salido de allí, cuando los tipógrafos más atrevidos comenzaron a recopilar informaciones, chismorreos y discusiones políticas, imprimiendo todo más tarde. 



Más allá del paso de una cultura oral a una escrita, fue la invención de los tipos impresos lo que hizo posible la aparición del periodismo moderno. Pero, aún así, la oralidad seguirá siendo protagonista en el proceso periodístico, no sólo en la relación con las fuentes, sino también en la configuración de nuevas tecnologías mediáticas como la radio, la televisión y la Internet. 



Por su parte, la escritura modificó radicalmente nuestra forma de pensar. Se trata de una revolución en el proceso cognitivo humano. La invención de la escritura data aproximadamente de cinco mil años antes de Cristo. Se atribuye al pueblo Uruk al sur de Mesopotamia (actualmente, Iraq). Pero los monumentos escritos más antiguos están en el idioma sumerio. En aquella época no existía el alfabeto, que sería inventado tres mil años después por los fenicios, quienes fueron los primeros en sistematizar el uso de un alfabeto, aunque, según evidencias arqueológicas, quizá mucho antes lo hacían en Canaán y Biblos.



Los primeros soportes físicos de la escritura fueron las tablillas de hierro, después vendrían las tablillas de madera, marfil, bambú e incluso pétalos de flor (que luego perecían). Pero fueron los egipcios quienes revolucionaron el medio con la utilización del papiro, aunque también se habían usado pieles, tiras de plomo, estaño, etc. Pero hasta la llegada del papel en el siglo X, el papiro fue la estrella, principalmente en la antigüedad clásica. Por ejemplo, este fue el medio físico cuando los romanos escribían el ‘Acta diurna’, que era una relación diaria de lo que acontecería en el Senado y en la vida social política del Imperio. De alguna manera, podríamos considerar esas relaciones comunicativas como una forma de periodismo, ya que tenían periodicidad e identidad. 



Junto al papiro y el papel, la gran revolución en la difusión de la cultura escrita fue la invención de la imprenta, que a pesar de atribuírsele a Gutenberg, sus verdaderos creadores fueron los chinos; el primer libro impreso conocido data del año 868 y la invención del tipo móvil fue aproximadamente en 1040 (ambos en territorio chino).


Sin embargo, Gutenberg quedó como el gran creador de la imprenta en el mundo occidental, gracias a que una de sus primeras obras impresas fue la Biblia, en 1456. A través de la rápida difusión de la prensa de Gutenberg por Europa, se consolidaron las lenguas nacionales y se difundió la reforma protestante, pero más allá de eso, constituyó el germen de la industria del libro y de la prensa periódica.


Es por ello, que la impresión es el más importante hecho en la historia del periodismo; impulsada por la emergente industria del libro, surgió una nueva que creció entre restos de papel y hojas sueltas que dieron origen a pequeñas publicaciones periódicas (las gacetas). Allí nace la prensa, impulsada por la industrialización y buscando su espacio en la sociedad, es decir, en la esfera pública, que sufriría una serie de transformaciones en el futuro.



En la historia de la prensa, los críticos acostumbran hacer una división cronológica que refleja las transformaciones del periodismo en la esfera pública. Ahora bien, Ciro Marcondes Filho, en el libro ‘Comunicaçao e jornalismo; a saga dos cães perdidos’, esboza cinco épocas distintas:



•    Prehistoria del periodismo: de 1631 a 1789. Caracterizada por una economía elemental, producción artesanal y forma semejante al libro.


•    Primer periodismo: de 1789 a 1830. Caracterizado por el contenido literario, político y textos críticos, sostenible con créditos y dominado por escritores, políticos e intelectuales.


•    Segundo periodismo: de 1830 a 1900. Prensa de masas; se marca el inicio de la profesionalización de los periodistas, el periodismo como ciencia, la creación de reportajes y titulares, la utilización de la publicidad y la consolidación de su economía como empresa.


•    Tercer periodismo: 1900 a 1960. Prensa monopolista marcada por grandes tirajes, influenciada por las relaciones públicas, las grandes firmas políticas y fuertes grupos editoriales que monopolizaron el mercado.


•    Cuarto periodismo: de 1960 a la actualidad. Caracterizado por la información electrónica e interactiva, así como la amplia utilización de la tecnología; cambios en las funciones del periodista, mucha velocidad en la transmisión de informaciones, alta valoración de lo visual y crisis en la prensa escrita.



El desarrollo de los canales de información en casi toda la sociedad occidental, está vinculado a intereses económicos y políticos. Fue así con el telégrafo, creado para proteger las riquezas transportadas por las vías férreas americanas en el siglo XIX, y también con la radio, usada estratégicamente durante la Primera Guerra Mundial. Así mismo ocurrió con el periodismo, su origen como medio de información periódica radica en el lucro. En su código genético –por así decirlo–, no encontraremos un servicio público, sino más bien un comercio de noticias; así lo demuestra el origen de las gacetas.



En el árbol genealógico de los diarios están las gacetas, palabra que proviene del italiano ‘gazzette’, la moneda usada en Venecia en el siglo XVI. Las gacetas eran manuscritas, periódicas y presentadas en cuatro páginas plagadas a la mitad –como un pequeño folio–, de veinte centímetros de alto y quince de ancho. Su precio era una moneda, es decir, una gaceta. Las noticias giraban en torno a los intereses mercantiles: informes sobre cosechas, llegada de navíos, cotizaciones de productos y relatos sobre guerras. No tenían títulos, sólo fecha y lugar de procedencia; venían de diversos países. Venecia era el centro comercial e informativo más importante de Europa en aquella época, por lo que las gacetas contaban con lectores dentro y fuera de la ciudad.



En Francia, esas cartas eran denominadas ‘Nouvelles à la main’ y en las ciudades alemanas, ‘Geschriebene Zeitunge’. Había un público restringido con intereses específicos (políticos y económicos) y su contenido era controlado. Es por eso que ese tipo de periodismo primitivo ya provocaba reacciones exaltadas de nobles y religiosos que se sentían perjudicados por la exposición pública.



Durante el siglo XVI, los primeros en intentar controlar esta nueva actividad, fueron los gobiernos, quienes la consideraban como peligrosa por ser periódica. En Francia, por ejemplo, se consiguió censurar gacetas irlandesas que circulaban en francés, porque únicamente el gobierno, era quien podía autorizar su circulación, usando la prensa para actuar sobre la opinión pública.



En cambio, en Inglaterra no censuraban, por el contrario, el gobierno alimentaba su contenido; las noticias sobre la familia real se divulgaban ampliamente y se plantaban en los periódicos con el objetivo de influir en la opinión pública a favor de la monarquía. De ese modo consiguieron impregnar a la sociedad británica de los valores de la monarquía y desmentir los rumores sobre acciones crueles o intrigas de palacio.



Es preciso señalar entonces, que el desarrollo de la difusión de información pública en Europa, a partir del siglo XVI, se debió, no sólo al crecimiento del comercio, sino a la consolidación de un modelo de vida urbana y a la constitución de un público lector. Las primeras publicaciones periodísticas surgieron a comienzos del siglo XVII en Alemania, en los países bajos y en Inglaterra, siendo estas las herederas de las gacetas venecianas. Fue la noción de tiempo lo que hizo efectiva la constitución de los primeros periódicos, que se caracterizaban por reflejar noticias de todos los géneros y tener actualidad y periodicidad.



Ahora bien, los acontecimientos históricos son el telón de fondo que condiciona la aparición de la prensa, fortaleciendo la grandeza de la burguesía y de los valores capitalistas de acumulación de bienes y competición. Sin embargo, esa regulación social privilegia la sincronía y no la diacronía, es decir, no permite el desarrollo o sucesión de hechos naturales a través del tiempo, condenando a la sociedad y sus miembros a la infinita repetición del presente. El periodismo, luego de todas sus transformaciones en la esfera pública, parece necesitar la conquista de la novedad. Si hiciéramos el ejercicio de tomar el periódico de hoy y compararlo con la edición del mismo día del año anterior, ¿ha habido algún cambio de tema? Haga lo mismo con una edición de hace 10 años, los temas o pautas son siempre las mismas: crisis económica, corrupción política, violencia, farándula presidencial y resultados de los deportes del domingo. Es decir, el periodismo, podría decirse, ha creado una historia sin fin donde cambian las fechas y los protagonistas, más no los parámetros de la organización social para la cual trabaja; como diría Cazuza, es “un museo de grandes novedades”.



La publicidad y la universalidad de temas se unen a la periodicidad y la actualidad como las cuatro características del periodismo moderno. La información se relaciona con el presente influyendo en él; es evidente que lo que está próximo en el tiempo e influye el presente, es una novedad. Pero, ¿cuál es la medida para considerar algo como nuevo? Y lo que es viejo, ¿no puede ser actual? ¿Cuál es la diferencia entre novedad y actualidad? Definitivamente, cuando se puede mostrar algo nuevo, aun cuando el tema esté pasado, quiere decir que es posible separar la actualidad de la novedad, es decir, lo viejo puede ser actual y viceversa. La temporalidad no se refiere al hecho, sino a la forma en que se transmite, o sea, cómo se hace la mediación. Ni la novedad es siempre actual, ni la actualidad es siempre nueva.



***

Tomado de: Teorías del Periodismo.
Programa de Comunicación Social; CUN, 2012.

Bibliografía:
    Felipe Pena de Oliveira; “Teoría del Periodismo”. Alfaomega, México, 2009.
    Raúl Rivadeneira Prada; “Periodismo, la teoría general de los sistemas de la ciencia de la comunicación”. Trillas, México, 1996.

 

Por: Miguel Corzo F.

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Última actualización el Martes, 14 de Febrero de 2012 01:44
 
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