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Antes de ir al asunto principal de este texto, quiero agradecer a las personas que siguen allí, atentas a mis proyectos. Como respuesta a quienes me escriben preguntando qué ha pasado, les digo que estoy más comprometido que nunca trabajando en un nuevo álbum para 2012, y también en algunas letras ajenas al ámbito del Hip-hop, por lo demás buenos proyectos que me tienen motivado y trabajando con rigor.
También aclaro que la mejor enseñanza que he recibido, es entender que nadie es dueño de la verdad absoluta y, por esa misma razón, mucho de lo aquí he escrito, no escapa a sus propias grietas y fisuras.
CARTA A COLOMBIA
Hubo un tiempo que yo pensaba en gringo. Dormía en gringo, soñaba en gringo, comía en gringo y hasta mis erecciones estaban regidas por una ensoñación gringa. Y aunque aún hay una vasta red espectral gringa dentro de mí, por lo menos ahora la trato de identificar.
Después de consultar obras especializadas, y sobre todo, poner especial atención a este río de tiempo y caras que se desvanece mientras nado, tropiezo con algunas ramas que necesitan ser tomadas en cuenta porque su mezquindad nos pellizca a todos en distintas proporciones.
Lo referente a la reforma de la Ley 30 esconde un asunto bastante tenebroso, a la par que demuestra que Chucky está desplegando todos sus poderes malignos en nuestras narices, y como buen muñeco de marca gringa, su cuchillo de muerte dejará grandes cicatrices en el cuerpo de todos y cada uno de los colombianos. El completo asunto de hablar de la educación con ánimo de lucro es en extremo, escandaloso, y me recuerda a todos estos raperos revolucionarios que se desvelan por vídeos de Jay-Z y Kanye quemando carros costosos, en donde las letras se reducen a: “te necesito como consumidor, te necesito como comprador, tú pobre imbécil que estas chamuscado en pobreza”. Y luego sale Kanye con sus dientes de oro y cara bobalicona protestando en Wall street; así de escandaloso.
Ya que los que tienen la palabra más bonita, los artistas, confirman de frente que no son cantantes sino empresas con ánimo de lucro, se agarran de las mechas por premios shock y onerosas nimiedades (tal como hacía yo cuando pensaba gringo), siguen buscando millones y fumando una ignorancia recíproca, alzando espadas en pura neblina; a la gente no le queda más que pisar bien el suelo donde está dejando huella. Como siempre, los más perjudicados son los únicos ángeles que existen, los niños. La reforma a la Ley 30, a la larga solo traerá beneficios a esa pequeña minoría que siempre ha dominado al país con su blancura (y cuando digo blancura no me refiero a un color de piel). Es una porción de puro y corbata que hereda e impone un capital económico y cultural a través de los siglos, y a quienes poco o nada les importa el bienestar de nosotros (los otros), sino seguir bebiendo del mismo manantial de corrupción que tanta muerte y pobreza ha creado en Colombia. Y cuando digo "gringos" me refiero a un conjunto de micro/macro-poderes y saberes más grandes que los Estados Unidos.
Lo que le espera al país, si dejan que la empresa privada trate a la educación como una mina manipulable, se está empezando ver, basta con entrar a sitios virtuales y dar un vistazo a la forma que tiene la juventud para expresarse, cada vez manejan un lenguaje más servil y manso, en un par de años la comunicación será algo así como: “agu gu, a be be, gugu caca”. Mientras, obviamente, ponen sus vídeos de Jay Z y Kanye West, yendo a los centros comerciales a vitrinear o babear viendo a los demás con uno que otro paquete. No hay nada que pueda pauperizar más, que perpetrar una educación invalida. Por otro lado es de admirar a quienes se dejan sentir, en paros, en pancartas, en marchas… eso está muy bien, sobre todo de manera pacífica y sin esa actitud choco loca que se nota en algunos, quienes ven las marchas como una pasarela y ofrecen el mismo discurso de revolución empapada de imperialismo cultural y colonial. Lo mismo que el rap con su discurso revolucionario encauzado en el mismo fango.
Muchos están olvidando lo más importante en sus protestas: el hecho que de fondo hay algo más que la mera reforma; a educación como crecimiento y verdadero aprendizaje. De nada sirve que la Universidad pública siga siendo pública, si ofrece las mismas babas manipuladas durante milenios. Es muy bonito y valedero todo movimiento de resistencia, pero es hora de aplicar además, nuevas alternativas. Es hora de abandonar ese horizonte educativo que esconde una trampa, un patrón de poder que abarca cada fibra y gesto, una colonización de poder que ha regido nuestros pensamientos y sentires desde hace ya tanto que la memoria se cansa de recordarlo. Y esa red de información de blancura eurocentrista, gringocentrista, sexista, racista, es inyectada en cada escuelita y hogar, no deja resquicio ni fisura vacía. Y digo todo esto como alguien que pasó por la universidad en Colombia, con préstamos del Icetex, deudas y demás malabares que nos inventamos los colombianos que deseamos estudiar. Lo más curioso, es que ahora que he estudiado más fuerte, (estudio es infinito), miro hacia atrás y admito que la universidad no me enseñó un carajo; bueno, tal vez me enseñó a soñar más gringo.
Y es que ese dorado es tan bonito, tan seductor, pero es un dorado rapaz y chambón, como de medalla de lata pintadita de victoria dorada que a las 3 semanas esta desteñida. Lo mismo se le viene al país, porque además están ocurriendo una cantidad de fenómenos, todas de golpe, al parecer chucky y sus secuaces han aprendido bien de terapias y doctrinas de shock, en un corto tiempo pegaron el coñazo, sin avisar, sin anestesia. Con mucho pesar me enteré hace poco que aprobaron el TLC, y no es una casualidad que esto pase. Pero con mayor indignación vi la noticia de la construcción de un complejo turístico siete estrellas en el parque Tayrona... ¡Apenas una semana después del TLC! Por fortuna, el asunto no prosperó.
Queda la impresión de una cortina de humo mediática tapando el TLC, escondiendo el eterno genocidio indígena, sus identidades; la misma enseñanza esclavista que nos hace sentir inferiores, que asesina y reemplaza nuestros saberes, nos siguen tratando como si nuestra mirada fuera de bestia y no de hombre, de clientes. Como siempre, encubren los hechos, pero eso si, todo bien acomodadito, bien arreglado, que no se escape nada, pues mientras unos poquitos muñecos diabólicos regalan el país, las noticias desviadas se llenan la boca y pestañas diciendo que los jóvenes estudiantes son unos desocupados vándalos que están destruyendo el futuro de la gran patria. Colombia se parece cada vez más a estos países ‘desarrollados’ (es la misma red obviamente) y eso es lo que le espera; muchachos endeudados en créditos universitarios que luego de graduarse y trabajar 15 años en Starbucks, seguirán soñando con salir de esa deuda analfabeta, para llegar por la noche a ver el festín televisivo. Todo el mundo habla y protesta por la ley 30, pero deja escapar otros aspectos más pesados y destructivos.
Es indignante. Siento un rayo ensordecedor por todo el cuerpo cuando imagino volver al país, y encontrarme con la Amazonia llena de Starbucks y sombreritos turisticos de Mickey Mouse, y una inmensa M de Mc Donalds en la entrada de mi querido parque Tayrona. Volver a Bogotá y ver más costales de huesos sin sonido ni voz propia caminando por las calles, todos lindos y bonitos fusionados con sus Blackberrys, ver dentaduras mecánicas en cafés hablando de lo poetas, bohemios y revolucionarios que son, mientras un último árbol viejo y grisáceo atestigua unas calles llenas de universitarios con títulos, pero sin educación, endeudados hasta la médula (literalmente).
Yo no creo en Utopías, los tiempos no están para creer en Utopías. Pero si creo en alternativas, cuando haga público mi nuevo álbum y esos bellos proyectos de escritura en los que estoy trabajando, actualizaré mis sitios de red y, no está de más decirles que cuentan conmigo para lo que sea. Sobre todo esos universitarios que tanto me escriben y ven en mi un amigo, un compañero. Yo ya no hago esto del rap para ser el mejor, ni para ganar premios babosos, o para que me digan en cada foro: “eres un dios tío”.
De hecho JHT para mi murió, y no digo esto con fanatismo religioso o político de por medio, simplemente mi pluma encontró una nueva voz de escritura que me gusta mucho más, reconociendo muchos errores en antiguas letras, igual de eso se trata, crecimiento. Estando en esa burbuja del rap colombiano, es fácil perder la vista, mirar solo la superficie, llenarse de egos y competencias insanas. En el peor de los casos hacer de parásito en esos medios vampirescos, que saben muy bien cómo sacarle el jugo al lavado cerebral rapero, en una nueva máquina llamada, ‘genero urbano’.
Un abrazo y gracias a quienes entienden de qué estoy hablando, ¡estamos en contacto…!
Por: JTH
http://jhtmusica.com
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