Un cuarto de siglo sin Cliff PDF Imprimir E-mail
Viernes, 27 de Enero de 2012 20:10


El año 1986 se presentaba como dorado para la entonces nueva faceta del metal estadounidense; salieron a la luz producciones que señalaron otro camino y aun hoy se mantienen como absolutos referentes: “Reign in Blood” de Slayer, “Peace Sells… But Who´s Buying” de Megadeth y “Master of Puppets” patentado por Metallica son nombres de cabecera en la discografía de cualquiera que se precie de adorar las notas vertiginosas que se condensan en una sola palabra: thrash. Aquel año hubiese sido recordado como pletórico para el género de no ser por el deceso de una de sus más queridas figuras; Cliff Burton bajista de Metallica se despedía a los 24 años de edad en un absurdo accidente. 


Al ojo Burton figuraba como ese tipo que no gustaba de los pantalones ajustados que buena parte de la fauna roquera de los ochenta usaban con desparpajo, los jeans bota campana vestían a un sujeto que castigaba su bajo como un poseso. Dotado con una técnica sobrecogedora dejaba ver sonrisas cómplices en medio de los temerosos riffs que su demoledora banda esparcía ante los enloquecidos testigos. Aplicado en el arte de hacer solos y bascular un sonido distorsionado que aportaba ostensiblemente tanto en las líneas armónicas como en las estructuras más afiladas del cuarteto californiano. No era la cara de la banda, tampoco el dueño tras tambores pero claro es que se alzaba como un inspirador para las generaciones venideras. 



La muerte de Cliff Burton el 27 se septiembre del mismo año en que se publicó el fundamental “Master of Puppets” pudo haber sido una razón de peso para contener el descomunal avance que ostentaba Metallica. Poco antes, el otrora frontman de Black Sabbath, Ozzy Osbourne recurrió a los servicios de aquel cuarteto de jóvenes etílicamente desmesurados para apoyar su álbum “The Ultimate Sin”, no obstante lo que aparentemente sería una carta ganadora resultó ser un arma de doble filo. El público norteamericano acudía masivamente a los recintos para ver a Metallica por encima del Príncipe de las Tinieblas; el frenetismo de su música, lo descarnado del apartado lírico y la autenticidad de James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammet junto a nuestro protagonista en las cuatro cuerdas era un derroche de emociones que para la época era muy difícil de ofrecer en el acicalado hard rock establecido. 



El corto espacio de tiempo que Cliff Burton estuvo en las filas de Metallica bien puede ser rememorado como un ascenso acucioso a la gloria. Tras militar en Trauma -un conjunto de San Francisco que pasaría sin pena ni gloria- el abandono del bajista Ron McGovney le abrió las puertas a lo que poco después se convertiría en la principal fuerza del emergente thrash metal. Su incontrolable sacudir de cabellera aunado a una motivación que iba en el mismo cause de Hetfield y Ulrich lo convirtieron en una de sus garantías en busca del éxito.

 

 



Burton registró tres discos: “Kill ´Em All”, “Ride the Lightning” y “Master of Puppets”. Tres cartas que simbolizan la esencia del conjunto antes de que esta se dispersara en pro de la euforia de los estadios rebosantes. Con tales obras se pudo ver el raudo crecimiento y acogida que tuvo el cuarteto sin ampararse en la radio o la televisión. Todo un fenómeno que consolidaba un recambio no solo en los estilos musicales sino en las formas de ganarse fans con el sudor de los extensos itinerarios de conciertos. Parecía un cuento de hadas para cualquier joven de pelos largos, más el hechizo estaba a poco de extinguirse. 



La muerte se apareció en la carretera. Metallica se hallaba de gira por Europa cuando su bus se volcó en las frías carreteras suecas expulsando a Cliff por uno de los laterales, el peso del vehículo sería su lapida. Se lloró su partida mezclada con la ira de que fuese en el punto de ebullición para las figuras afincadas en San Francisco. Pese a que los tres miembros restantes se sumieron en el escapismo del alcohol el luto pasó rápido y las turbias audiciones darían con el nombre de Jason Newsted en reemplazo. Quince años más tarde Robert Trujillo ocuparía esos mismos zapatos tan difíciles de llenar. 



Paradójicamente la baja de Burton acrecentó la popularidad del combo llevándolos a otro nivel. “…And Justice For All” disparó el primer sencillo vestido en un críptico videoclip: “One”. El grupo de culto se revelaba y MTV lo avalaba. El subsiguiente disco de tapa negra reforzaría la impronta multiventas y con ello la polémica sería la eterna compañera de Metallica. Reflexionar acerca de la suerte de este acto sin la abrupta caída del bueno de Cliff es ejercicio vano. La historia está escrita, la decisión tomada por Ulrich y compañía puede ser rechazada por la parroquia thrash metal pero nunca por sus saldos bancarios. Lo seguro es que Burton seguirá rockeando igual de fuerte cada vez que alguna de sus canciones se le de el beneficio del play en alguna parte, en algún momento. Tal y como le gustaba alzamos la copa para brindar a 25 años de su adiós. Tipos así es lo que llaman leyenda, el imperecedero legado sustenta su linaje. ¡Salud!


Por: Alejandro Bonilla
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Un cuarto de siglo sin Cliff
Última actualización el Viernes, 27 de Enero de 2012 20:30
 
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