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Una aventura en Austin, Texas protagonizada por la banda colombiana Head Crusher.
Max Cavalera ya no es el mismo de Sepultura. Está fofo, apenas si rasga la guitarra y, hasta tiene las cuerdas vocales destempladas de tanta voz gutural. Pero Max es como un Bob Marley del metal. Se le perdona todo eso sólo por ser él, más aún, desde que hizo las pases con su hermano Igor para formar Cavalera Conspiracy. Por esa última razón, la fila para entrar a Emo’s esta noche, da vuelta a la esquina, examinada por varios transeúntes con ojos de ‘quién carajos toca’.
–Cavalera Conspiracy y una banda de Colombia, Head Crusher. –Le digo a un vaquero que se atreve a preguntar. –¡Oh, Columbia…!
–No es Columbia, es Colombia, el país. Colombia, en South América. –¡Oh! Head Crusher from Colombia, South America.
Adelante hay un grupo de unos 15 mexicanos haciendo fila. Visten camisetas ‘vieja guardia’ de Sepultura y de bandas como Transmetal y Asesino. Hablan de Max Cavalera con orgullo. Claro, Max también tiene eso, es latino. Parece apenas lógico que una banda de Colombia abra el show.
Son las nueve y treinta de la noche. Entre requisas, verificación de edad, sellos y boletas, el gordo de la puerta de Emo’s no da abasto. Adentro se escucha una prueba de sonido… bombo en corcheas, guitarra con distorsión, la voz de Kike Valderrama: “Aló, aló, check, check. Austin, can you fuckin’ hear me? La masa responde con euforia. Head Crusher está en el escenario. Parece que adentro hay más gente que afuera. Max, ¿dónde está Max? Nadie ha visto a Max. Los Head Crusher llegaron a Emo’s desde las cuatro de tarde para conocerlo y pasarle CDs de la banda.
–Parce, ¿cómo hacemos para pasarle un CD a ese man? –Pregunta Carlos, en el ensayo del día anterior, mientras afina su guitarra Fernandes. Nuestro único gancho es decirle –Parce, ¿sabe qué? venimos desde Colombia luchando y tocando. –Dice Alejo, ajustando la batería, para lo que Gustavo agrega con su voz de Poncho Rentería: “Y decirles que lo que los manes hicieron en su época es la inspiración para lo que hacemos ahora”
En la puerta de Emo’s está parqueado un bus Eagle 505 EM; una de esas casas móviles con todos los juguetes. Dicen que algunos Eagle 505 tienen hasta camas de agua. Atiborrados en la puerta del bus, armados de Sharpies y merchandising, varios fanáticos esperan a Max. Nadie lo ha visto salir. La fila se mueve lento. Kike vuelve a hablar sobre el escenario. Los Head Crusher no pudieron ver a Max, ni siquiera a Igor, pero el show debe comenzar.
“¡Buenas noches Austin! Somos Head Crusher, de las montañas de Colombia. Cuando le dijimos a nuestra gente que nos veníamos a vivir a Texas, nos dijeron ¿qué carajos se van a ir a hacer allá? Y aquí estamos. ¿Están listos o qué? …Austin, are you fuckin’ ready?”
Head Crusher comienza su descarga. Los que estamos afuera queremos entrar. Los de la cabeza de la cola se la montan al gordo de la puerta, pero el gordo de la puerta no se la deja montar. Algo adentro, muy adentro, se revuelve al estar por fuera (del concierto y del país) y saber que una banda colombiana está a punto de tocar. No importa si los integrantes son, como en este caso, de Pereira, Armenia, o incluso de Ecuador. Se desatan nostalgias por la escena colombiana… Rock al Parque en la Media Torta, en el Simón Bolívar, en la Plaza de Toros; pogos con bandas locales que marcaron el camino; casetes grabados del Expreso del Rock los domingos en la noche… Mort-discos, Rock-ola y las tiendas de discos de la 19… También vuelven los recuerdos de la hijueputa realidad que nos obligó a algunos a dejar de creer en el país y a largarnos. Parece que todo se juntara en el escenario con cada grito de Kike, con cada acento de guitarra de Carlos y de David, con el meneo de esa melena estilo “La Caponera” de Gustavo, con cada vez que el redoblante y el china hacen contratiempo con el bombo y la cara de empute de Alejo.
“Austin, thank you very fuckin’ much!”
Kike se despide, no sin antes recordarle a la gente que pronto vienen Max Cavalera y su combo. Aparecen la ovación del público y las novias ayudando a vender camisetas XL y XXL para los gringos. Aparecen Alejo y Gustavo con discos, dispuestos a pasárselos a Max. Aparecen mexicanos, chicanos, y más gringos preguntando por el próximo show de la banda. Ya nadie pregunta por Pablo Escobar. Un par de manes preguntan por Esperanza Gómez, que si la conocen, que si han visto sus películas, dicen que es su colombiana favorita. Por un momento, las ‘comidas de mierda’ para poder llegar a Estados Unidos y todo el volteo de la banda, parecen haber valido la pena. Por fortuna, el metal siempre ha estado ahí y por suerte, Max siempre ha estado ahí, aunque por ahora siga durmiendo en la cama de agua del Eagle 505 EM.
Por: Alejandro Nieto
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Periodista y publicista colombiano radicado en EE. UU. Ha colaborado con medios como Cambio, Mucha Música, El Tiempo, Loquesea.com, La Rosca y recientemente, como editor musical de la revista europea Metal.
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