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 (Soliloquio al estilo fan fatal)
Hay días en los que uno quiere acabar con el mundo y otros en los que el mundo quiere acabar con uno. Pero también hay días en los que el mundo se quiere acabar y lo mejor, es que lo anunció con música durante la tercera edición del Festival Centro en la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, que abrió el ciclo de conciertos 2012 en Bogotá, con un cartel fantástico de artistas independientes. Sin duda un memorable fin de semana que concluyó su “presagio”, con el recital de Apocalyptica… Una banda de colección, cuyo increíble repertorio complació al público deslumbrado en el Teatro Metropol.
El centro fue anfitrión de las revelaciones
Al empezar el festival ya se habían agotado las boletas de tres días, una buena fila de visitantes aguardaban las entradas y mis amigos interesados en asistir, se quedaron fuera del parche. Apenas había espacio para la concurrida prensa en los escenarios principales. El muelle y auditorio de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño, con un aforo aproximado de 600 personas, la sala de conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango y el auditorio del Centro Colombo Americano, literalmente quedaron pequeños ante la dimensión del talento y la importante convocatoria.
Fotografía: Laura Idarraga
Los santandereanos de la banda Benjamin abrieron el evento con sonidos experimentales en los que se destacan el bambuco y la guabina entre sus combinaciones. Una gran selección de “Voices Underground” fue otorgada por Capsula de Argentina, en su carácter Indie Rock , denso y contundente . Por otro lado, Gustavo “Chuckie” García, coordinaba diligente el evento, mientras desaparecía y aparecía en los pasillos del lugar, cual fantasma de la Candelaria. José Fernando Cortés afinó los oídos del público con algunas melancólicas y otras rumberas eufonías de su guitarra blues. Daniel Casas (porque mejor maestro apocalíptico de ceremonias no hay), presentó a los artistas en su estilo formal e ilustrado, proveyendo al auditorio de musical sabiduría con datos curiosos y relevantes. Lo sorprendí gustoso aprovechando el patrocinio, que a propósito, aquella elección de auspiciantes parecía más bien conspiración para provocar un ataque cardiaco colectivo. No se conseguía café, pero si, una sobre dosis de carbohidratos y alcaloides a punta de brownies y bebidas energizantes.
Continuó Panorama, agrupación paisa de gran amplitud melódica. Siguiéndole, Carlos Reyes y la Killer Band, quienes mostraron parte de su reciente producción Ruido Bogotá , que contiene una rica y en momentos extraña variedad de géneros predilectos entre el country, el jazz, el blues y el punk. Finalizaron su espectáculo con una interesante interpretación por parte del acordeonista de música norteña, Alexander González Fonseca. Nada mal para comenzar a morir “Sin mirar atrás, buscando una señal desde la oscuridad”. Dime si no, Carlos Reyes. La noche llegó al tope con una de las revelaciones que conducen mi reflexión: “This night is winding down but time means nothing” que traducida es, “Esta noche se está acabando, pero el tiempo no significa nada” , contenida en el tema After Hours y sumada a una gran acogida por parte del público de We Are Scientists, banda norteamericana que comienza a lograr reconocimiento en la lista larga del nuevo rock alternativo.
Muerte lenta con protesta, despecho y folk
El jueves 19 de enero de 2012, día en el que el mundo quiso acabar conmigo, mis amigos de Mágica iniciaron el encuentro con su estupenda y nostálgica música. Son orgullosamente colombianos, siempre llenos de buenas ideas enriquecidas de folclor, ritmos del mundo y estética en artes plásticas que espero evolucionen aún más, teniendo en cuenta su gran talento al respecto. Siempre termino envuelta entre la voz y la marimba interpretadas por la bella Janni Benavidez, bajo la dirección del maestro Andrés Álvarez. Hasta ese momento solo estaba hipnotizada y oriunda entre las cadencias y los colores asombrosos que apreciaba desde “La Ventana” de Mágica.
Pero al continuar la tarde, iba acompañada por las comadres del reportaje, quienes coincidieron curiosamente en que tenían el corazón roto por sus respectivos “villanos del amor”. Esperábamos ver a Carla Morrison y de pronto supimos que había sido una pésima idea el acudir en tan triste condición, cuando comenzó su concierto con voz susurrante: “Ando buscando un pajarito del amor…” (No sean malpensados), pues se trata de una canción más afligida que la ruta 82 – Centro, a las 5 de la tarde, en bus, lloviendo, con Ipod y sin audífonos. Eso sí, en una interpretación perfectamente afinada y tan dulce como miel. A la tercera canción, las tres mencionamos cómplices, la terrible necesidad de tener algún arma corto punzante o de saltar desde el balcón del auditorio, para morir consentidas con “Déjenme llorar” o con “Lágrimas”, como banda sonora. Si Darío Gómez es el rey del despecho, pues aquí llegó la reina y para colmo, de Tecate México, concluimos. Una taciturna pero bulliciosa fanaticada despidió con ovación a la tierna cantante y por obvias razones, asesina potencial. Carla nos declaró para el medio (versión parafraseada): “Hago canciones melancólicas porque es un lenguaje común. Aunque las letras son tristes, yo necesariamente no lo soy. Sin embargo, la melancolía es justamente el toque que genera tanta fuerza al lograr la identidad y conexión con el público, que en su mayoría es emotivo o que simplemente está triste”. No lo dirás por las caras dramáticas de protagonistas en telenovela azteca que ahora mismo ansiosas te preguntan, pensé.
Mi corazón se derritió por completo ante la Luna Caliente en bossa nova de Victoria Sur. Una de mis cantantes colombianas preferidas con su reciente y limpia producción “Belleza Silvestre”, grabada en Buenos Aires, en la que participaron importantes músicos argentinos, como Claudio Cardone (pianista de Spinetta) y Alejandro Oliva (percusionista de Pedro Aznar). Flor de Metal, con su fastuoso video dirigido por Leo Carreño, es otro de mis temas favoritos contenidos en éste álbum, junto con el cover del grande Luis Alberto Spinetta, “Barro tal vez”. Otra saeta a mi alma en forma de canción.
Al fin hubo una merecida pausa de nostalgias a través de la presentación discursiva, rapera y espontánea de la MC Anita Tijoux, de Chile. Canciones como “La bala”, “Obstáculo” y “En Paro”, son su auténtica muestra de conciencia social y vitalidad política, contenidas en sus trabajos musicales e interpretados con gran determinación sobre el bit clásico. “Somos una gran mafia lírica”, expresó luego de una sonrisa de satisfacción ante la concentrada audiencia entregada a su show. Y con el “flow” de la mafia chilena, abrí los ojos a la realidad del mundo y a la plena justificación de que llegue a su fin. Supervelcro, Cinemacinco y el pianista Daniel Muñoz Barragán, también tuvieron lugar en el encuentro con gran aceptación.

Monsieur Periné / Fotografía: Laura Idarraga
No sobreviví a Nacho Vegas
Para concluir la noche fatal y de paso acabar conmigo, entró a escena un rubio alto, entre formal y desaliñado, quien tomó su guitarra como a toro por los cuernos. Aunque recibido por el público con aullidos de aclamación pronunciando su nombre con desespero, Nacho Vegas no emitió saludo alguno, sino que inició el concierto cual extraño en tierra nueva, cantando algo como: “Entiende por favor, que nunca tuve un plan para llegar a este sitio o a cualquier otro”. Era nada más y nada menos que su adaptación al español de la hermosísima canción “The Stanger Song”, del sublime Leonard Cohen. Con este tema ya podía morir en paz. Pero no, el verdugo austriano no se conformó con dejarme expirar tan pronto, ni tampoco mi alma curiosa. De todas formas, nada mejor que la agonía antes del fin para recordar que solía estar viva. En la segunda canción entró discreto el pianista Abraham Bobo, aunque inevitablemente llamó la atención con su peinado especial. Nacho cantaba amenazante “Cuando te Canses de Mi…”, a lo que yo le respondía “…Qué más da si esto es el fin”. Tercera canción y el cantante no saludaba. ¿Timidez o arrogancia? no lo sé, pero, como amo a éste tímido arrogante y a su canción que me reiteraba a manera de reproche “… Hay días en que valdría mas no salir de la cama…” El título, “Días Extraños”, en cuya versión original Enrique Bunbury hace los coros. Antes del sexto tema de su repertorio, abandonó cínico al enloquecido auditorio para afilar su hacha o afinar su guitarra, como sea. Lo hizo con agilidad en tres pasos y continuó despidiéndome con Que te “Vaya bien, Miss Carrusel”. Al fin sorpresivamente exclamó: “Gracias por éste gran recibimiento”, frasecita corta en la mitad del concierto, pero al fin y al cabo ¿qué tipo de preámbulos necesita este trovador de situaciones, para sus “Actos Inexplicables”, sus “Cajas de Música sin Parar”, su “Manifiesto de Desastre” y sus “Zonas Sucias”?.
Seguí rendida en mi cámara de torturas, lista para la ejecución escuchando “Como Hacer Crac” y “Contemplé junto a mí, el cadáver de la que fui”, porque “Ya nada será igual tras el día de la gran broma final”. Entonces, Nacho Vegas elevó una última oración a “Santa Barbara Bendita” y bajo la protección de “El Ángel Simón”, fallecí fugazmente con la canción doce del show, entre el susurro del chalalá y las afinadas cuerdas de una guitarra folk. La verdad no lo esperaba, como uno nunca espera morirse, aunque a veces quiera. “Pero, ya ven, las buenas cosas mueren bajo el sol”
Un duelo con música electrónica
En la tarde del 20 de Enero de 2012, no pude contener las lágrimas ante el día final de mi admirada y muy amada Etta James, quien a sus 73 años murió de Leucemia en Reverside California. Desde que me enteré de la noticia y en camino al festival, escuchaba sin cansancio sus canciones “Trust In Me”, “At Last” y “Something´s Go a Hot Old Me”, entre otras maravillosas joyas de la diva gospel, blues y R&B. Compartí la noticia con mis amigas, quienes me abrazaron solidarias ante la pena. Mientras esperábamos el primer concierto activé en “máximo volumen” la “Crackberry” para rendirle mi humilde homenaje ante un auditorio ajeno y reproduje la prodigiosa voz entonando “I'd Rather Go Blind”, mi canción favorita que no dejé de escuchar durante los siguientes días. Y el luto se lleva por dentro, porque a pesar del lamento, no pude evitar disfrutar de las proyecciones visuales simultáneas a la ácida electrónica del Señor Coconut (Atom) de Alemania, las mutaciones de cumbia– electro de El G, de Argentina, la vocecita poco frecuente entre sonidos champetos y funckeros de la colombiana Isa Gt y la impactante presentación de Tremor de Argentina, con su contundente entrada de tamboras en trió sobre la pista electrónica. Me encantaron con sus recursos instrumentales de acordeón, charango, bombo legüero y violín, que generan una entretenida experiencia con categóricas eufonías del sur.
Rapto Swing
Al siguiente día hubo más aforo que el usual y la extensa fila parecía confesionario de iglesia antes del rapto de los escogidos (Si, que Dios nos coja confesados). Y efectivamente se trataba de un arrebatamiento, pero de la fanaticada deslumbrada por la banda colombiana Monsieur Periné, que como es costumbre, lucen alucinantes con su vestuario teñido de color y su creativa puesta en escena. En ésta ocasión, optaron por una estética inspirada en la juguetería del soldadito de plomo y la muñequita de trapo... Ésta última, bien interpretada por la versátil y coqueta Catalina García. Su voz y carisma sobre el escenario son el show, sin demeritar el fantástico trabajo musical y vehemente actitud del resto de la banda. Como en todos los finales, la mayoría escritos a prisa, se generan conclusiones que entre mezclan las ideas principales. De ésta manera y como uno de los exponentes que surge en estos tiempos antes del fin, Monsieur Periné resulta ser una de esas ideas determinantes que no se salva de las variedades en conjunto al expresar sus canciones con bossa nova, son cubano, salsa, cumbia, porro, bolero, swing y jazz de fondo , además en cuatro idiomas. Fue uno de los mejores espectáculos, adornado con bailes del público en tarima y “suin a la colombiana” en canciones como La Muerte, banda sonora de la película “Tómate la Sopa” de Mario Ribero Ferreira. Finalmente mi cabeza hizo “bebop” al escuchar los solos de trompeta en beatboxing por Santiago Prieto, interpretando “A Kiss To Build a Dream On” e imitando la voz del moreno Louis Armstrong.
Ese día también se presentaron agrupaciones como Crew Peligrosos, Los Piraña, el pianista Juan Sebastián Ävila, Fantasma de Argentina, Papaya Repúblik, Freaky Colectivo y Very Be Careful de Estados Unidos, que cerró la noche con vallenato en acento gringo. ¿Vallenato gringo?, definitivamente el mundo se va a acabar.
El último día del festival concluyó con grandes muestras y ejemplares del folclor colombiano, como Las Hermanitas Calle y su legendaria “Cuchilla de afeitar”, la música llanera de Ensamble Sinsonte y Cimarron. Jhon Jairo Florez en cadencias andinas, Los Golden Boys con suculentas cumbias, la Banda de Flauta, Chicha y Guarapo con flautas traversas y compases indígenas. Por último, los sensacionales ritmos del pacífico en el show de Herencia Timbiquí. Cada agrupación ha sido reconocida en el medio alternativo por su trabajo autóctono y evocativo de los sabrosos, múltiples y gloriosos sonidos colombianos.

Fotografía: Lucas Rios http://syri.co/
Y EL ARMAGEDÓN SE ANUNCIÓ EN TRES CHELOS
Los jinetes de Apocalyptica pasaron por Colombia e hicieron escala en Medellín para derretir algunos cerebros paisas con sus covers de Metallica en sinfonías. Dicen las malas lenguas que tuvieron un fabuloso show en el Teatro de la Universidad de Medellín con una buena y complacida asistencia. Pero como yo no creo en chismes, tenía que verlos por mí misma en Bogotá, teniendo como triste cuenta el que no pude acudir a su concierto del 2005 durante el Festival Rock al Parque. Quería cerciorarme de que no son de mentiras para luego decepcionarme al no poder ponerlos en cajita, exhibirlos orgullosa y verlos a diario en la vitrina de colección con mis demás figuras de acción.
El domingo 22 de enero de 2012, día en el que quise acabar con el mundo, estaba de mal humor porque ya eran las 6 de la tarde, aún no había podido arreglar mi cámara fotográfica y tuve que llevar una prestada marca pollito que además desconocía por completo. La empaqué en mi pequeño canguro de Totto junto con mis guantes morados de encaje, por si hacía frio. Salí de mi casa, desaliñada, como alma que lleva el diablo o en éste caso, que convoca Dios mismo y tomé el primer taxi directo al Teatro Metropol. Por fortuna llegué temprano. Alcancé a hablar con algunos amigos, revisé el lugar y aprecié el sencillo escenario en negro que solo lucia el telón de “Apocalyptica”, con la gigante y bella mujer alada, carátula de su reciente producción 7th Symphony. También vi a la gente llegar emotiva, pregunté con tiempo si habría telonero y si podría pasar la barrera para tomar fotos. Las dos respuestas fueron negativas. Me hice adelante en el costado izquierdo para dar coordenadas a mi supuesto e improvisado compañero de concierto que como para variar, nunca llegó. Pensé en sumar éste motivo a mi mal genio pero muy pronto se me olvidó, cuando una canción tan familiar como hermosa, nuevamente del genio Leonard Cohen, apaciguó mi alma inquieta con su Hallelujah, en versión de Rufus Wainwright.
De pronto se apagaron las luces… Perttu Kivilaakso hizo acelerar mi corazón al llegar majestuoso con su chelo, Mikko Sirén se acomodó en la batería y luego como en procesión, Eicca Toppinen y Paavo Lötjönen encontraron su lugar rápidamente en una entrada triunfal y ovacionada. Canciones como On the Rooftop With Quasimodo, 2010 y Master of Puppets, realmente hacen vibrar a cualquiera y por supuesto a los elegidos absortos entre sus cuerdas, algunas simulando riffs de guitarras eléctricas y otras entonando compases agudos que dibujaban escaleras sensacionales y bidireccionales entre un cielo y un infierno perfectamente ensamblados.
Vino luego, como invitado al anuncio justiciero, el poderoso Tipe Johnson, ex vocalista de Leningrad Cowboys, quien toma actualmente la vocería iluminada durante todos los conciertos de la gira en “End Of Me”, “I’m Not Jesus” y “I don´t care”. En la base constante e impetuosa, el inagotable cuarto Jinete Mikko Sirén, se distinguió bien con su batería que usualmente retumba o acompaña frágilmente en canciones como “Grace”, “Seek & Destroy”, “Inquisition Symphony”, “Bittersweet” y en la preciosa, añorada (a mi pesar, no incluida en el repertorio) y mi favorita “Farewell”. Momento sublime cuando Perttu, vestido de ángel, bajó del cielo e interpretó “Psalm 1” en un cautivador solo. Subiendo el nivel de gloria y señalando el camino al paraíso con sus arcos, el trío perfecto interpretó limpiamente Nothing Else Matters, cantada de principio a fin por el auditorio hipnotizado. No supe de mi cuando se quitaron sus camisas y al examinarlos mejor, concluí que perdono tanto la flacura de Perttu como la grosura de Eicca. Lo que no me perdono, es haber llevado esa maldita cámara que nunca funcionó para registrarlos como bien lo merecían.
Luego de un gran show, de la memorable interpretación de “Enter Sandman” y de diálogos carismáticos con el público rendido; los finlandeses caballeros de la noche se despidieron con “Hall of The Mountain King”. En ese momento quise acabar con el mundo como lo conozco y huir con los cuatro jinetes de Apocalyptica galopando hacia el infinito ó, en éste caso, hacia Brasil, Argentina y Chile donde continúan su gira denominada proféticamente Séptima Sinfonía, como el título de su último trabajo ó como la dispuesta en su última visita a Colombia con la que anunció “Last Hope” en el comienzo del Armagedón.
Por: Dary Hormiga
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Fotografía: Lucas Rios http://syri.co/

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